Fractura de estrés en el pie

Alfonso Martínez Franco

Es una lesión que afecta especialmente a atletas jóvenes entre 20 y 30 años, llegando a suponer el 15% de las fracturas, de las cuales el 35% se localizan en el pie (II y III mtt, calcáneo, escafoides, base V mtt, sesamoideos)

En ésta como en otras lesiones la regla de oro es la prevención, pues, un mínimo conocimiento de los factores que intervienen en el mecanismo de la lesión puede evitarla en gran número de casos. Además de las denominadas Causas Internas entre las que se encuentran la debilidad y la fatiga muscular, factores predisponentes como la amenorrea, alteración de la estructura ósea, errores alimenticios, mal absorción intestinal, enfermedades metabólicas, medicamentos, y los desequilibrios biomecánicos (hiperpronación, síndrome de la pierna corta, …), es una Causa Externa, el entrenamiento, el origen del 60 – 80% de las fracturas de fatiga:

  • Errores en el entrenamiento.
  • Cambios en el programa de entrenamiento sin justificación.
  • Sobreentrenamiento.
  • Alimentación no indicada a la práctica deportiva desempeñada.
  • Superficie de entrenamiento inadecuada (resbaladizas, inclinación irregular…).
  • Calzado inadecuado.
  • Cambio de calzado sin la frecuencia necesaria, se debe realizar cada 1500 Km. Se ha de tener dos pares de uso compartido para no vernos desprovistos ni enfrentarnos a la adaptación de un calzado nuevo en caso de rotura o cambio por uso.

Una vez que la lesión aparece, la mayor dificultad es la identificación de la misma, ya que ésta se caracteriza por una clínica difusa y por la dificultad de resultados tempranos en la exploración complementaria. El deportista manifiesta dolor difuso que se agrava con la actividad y cede con el reposo, y cuando acude a consultar han pasado días o semanas, lo que retrasará consecuentemente el tratamiento.

Las medidas terapéuticas deben encaminarse a dar soluciones personalizadas, teniendo presente las características propias de la lesión, las personales, las deportivas y la combinación del tratamiento podológico con el médico y fisioterápico.

El tratamiento podológico debe comenzar con el cese de toda actividad deportiva o extradeportiva que agrave la lesión y produzca dolor, y con la descarga provisional de la zona lesionada, hasta que la disminución del dolor y la tumefacción permitan la adaptación de un soporte plantar dentro del calzado.

La posibilidades de aplicar una ortesis es tan variada y depende de tantos factores que establecer como tratamiento ortopodológico estándar un soporte plantar tipo seria un fracaso, pero de forma generalizada la aplicación de éstos se puede concretar en 3 puntos de actuación:

A. La adaptación de la primera ortesis tendrá como función descargar lo necesario para permitir la deambulación sin dolor, proteger la zona y evitar apoyos inadecuados e incontrolados. Un método es la adaptación de una férula a medida del tipo “Rancho de los Amigos” con un soporte plantar personalizado, que descargue el segmento dañado, realizada en resina de poliéster y EVA con la T.A.D., lo que garantizará la función antiequina que controle la flexión plantar del pie y la actuación a medida sobre la lesión (Fig. 1 y 2).

 

Fig. 1                                                          Fig. 2

 

También podemos conseguir el efecto terapéutico deseado adaptando un soporte plantar lo suficientemente rígido como para evitar daño en la zona y descargarla (Fig. 3).

 

Fig. 3

 

B. Una vez que las exploraciones pertinentes, los controles radiológicos o complementarios y los síntomas aconsejen comenzar con la actividad deportiva, cambiaremos a un soporte plantar menos rígido (Fig. 4) que posibilite su inclusión en el calzado deportivo y facilite la incorporación progresiva a la práctica deportiva. Esta ortesis deberá seguir protegiendo y descargando la lesión hasta la resolución completa del proceso.

 

Fig. 4

 

C. Las fracturas de fatiga se producen por una sobrecarga inadecuada en puntos concretos, que en el pie se asocia a un desequilibrio biomecánico. La función del último soporte plantar (Fig.5), una vez curada la fractura, es actuar controlando los factores biomecánicos que dieron origen al proceso, evitando la recidiva y protegiendo al pie de otras posibles lesiones.

 

Fig. 5

 

Lo cierto es que la mayor parte de las fracturas de estrés se podrían haber evitado con la realización de estudios biomecánicos y adaptación de soportes plantares previos a la práctica deportiva, y éste punto pasaría a ser el primero en lugar del último en esta cadena de actuación terapéutica. La mejor conclusión es que el tratamiento debe empezar con la PREVENCIÓN.

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