Viejos y nuevos Juegos Olímpicos

Manuel Pulido Domínguez

 

Quisiera comenzar agradeciendo a mi amigo el doctor José Luis Camacho, la oportunidad que me dio para colaborar en este trabajo aportando información sobre el atletismo en los viejos y nuevos juegos olímpicos.

Pierre De Cubertain fue un joven francés que pensó en la unión de los pueblos a través del deporte. Y gracias a él se consiguió que el 5 de abril de 1896 el rey Jorge I de Grecia inaugurara formalmente los juegos olímpicos modernos en Atenas.

En las antiguas olimpiadas, al igual que hoy, los campeones eran considerados más que héroes deportivos. Coroebo fue el primer campeón olímpico de quien la historia nos ofrece más que un registro legendario. En el año 776 a C, ganó una carrera en una competición de 200 metros sobre la llanura que cruzaba el río Alfeo, en la ciudad griega de Olimpia. Los poetas cantaban las glorias de aquellos héroes mientras los escultores los inmortalizaban en piedra.

Pero pronto los juegos comenzaron a perder valor. A medida que Grecia perdía poder, los juegos perdían prestigio y gloria. Los campeones dejaron de contentarse con la corona de laurel y exigían regalos y premios. Llegaron a convertirse en carnavales.

Al final, por decreto del emperador Teodosio, los juegos olímpicos quedaron formalmente suspendidos en el año 394 d C. Cien años más tarde, un terremoto destruiría completamente el histórico Coliseo y el río Alfeo. Cubriría la planicie sobre la cual los juegos se habían originado.

Ninguna especialidad olímpica ha mermado la importancia de la carrera de Marathón, que se remonta hasta uno de los más gloriosos eventos de la historia de Grecia. En el año 470 a C Milcíades, con 9000 atenienses, se enfrentó a las hordas de Darío, el emperador persa. Los persas, tras el furioso ataque griego, abandonarían las llanuras huyendo hacia sus barcos.

En Atenas, esperaban la llegada de la noticia de la salvación o de la destrucción de la ciudad. Al huir los persas, Milcíades mandó llamar a Filípides, el famoso corredor ateniense, ordenándole que corriera a toda velocidad a la ciudad, para hacerles llegar cuanto antes el mensaje de la victoria. Filípides arrojó a un lado el escudo, se quitó la armadura y echó a correr hacia las colinas de Atenas animado por las buenas noticias que portaba. Llevaba los labios secos y los pies heridos y sangrantes, pero nada le detuvo. Entonces entró en la ciudad y corrió hasta la plaza: “¡victoria, victoria!” fue el mensaje y cayó al suelo muerto.

Volviendo a nuestros días, nuestra capital ha celebrado este año la IV Marathón Ciudad de Huelva, una prueba con mucha historia y más futuro. Mi más sincero reconocimiento a todas aquellas personas que hacen posible que esta prueba se pueda celebrar aquí en Huelva.

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